Espacialidad en educación: un aspecto olvidado

¿Quiere decir eso de que la calidad educativa pasa por la calidad de los espacios que la contienen?

A menudo hablamos del concepto de calidad educativa a través de términos como métodos pedagógicos, calidad docente e incluso recursos materiales, dejando a un lado el cuestionamiento y análisis de los edificios escolares.

La propia configuración y diseño del espacio educativo puede contribuir a la mejora del proceso de aprendizaje a través de una serie de parámetros.

Cuestiones espaciales que contribuyen a la calidad educativa

Aprovechar al máximo las condiciones naturales: parece lógico aprovechar este tipo de recursos naturales que, además, no suponen (en la mayoría de los casos) un coste adicional. Asimismo, conllevan una serie de ventajas que, en general, hacen destacar un buen diseño arquitectónico. En el caso de los centros educativos, estas ventajas pueden multiplicarse si se hace un buen uso de ellos.

A continuación, señalamos algunos de estos elementos a tener en cuenta:

  • Luz natural: es quizá una de las características más importantes. Su aprovechamiento frente a la luz artificial no solo implica una reducción considerable del consumo energético, sino que además mejora el bienestar físico en los espacios educativos, favoreciendo la predisposición ante el proceso de aprendizaje. También favorece al provenir de una fuente de recursos mayor que la luz artificial, las posibilidades de distribución y filtración aumentan, haciendo posible crear diferentes ambientes acordes a las distintas actividades educativas.
  • Ventilación natural: además de ser esencial para el bienestar físico y la calidad del espacio, supone una forma de interacción entre el exterior y el interior, de manera que puede resultar interesante definir zonas de mayor y menor permeabilidad en función del grado de inclusión del entorno que se pretenda, pudiendo estimular de esta forma sentidos como el olfato y el oído.

Materialidad: además de resolver los aspectos técnicos de la forma más adecuada, la materialidad representa el aspecto estético del centro educativo, lo cual favorece la estimulación de los sentidos a través de dos parámetros:

  • Color: a menudo el color es el aspecto que se percibe más rápida y directamente, estimulando el sentido de la vista. La elección del color puede condicionar el estado de ánimo y, consecuentemente, la predisposición ante las diferentes tareas durante el proceso de aprendizaje. Colores más suaves y neutros fomentarán mayor concentración y relajación, lo cual es favorable ante tareas como la lectura, estudio o investigación. En contraposición, colores más vivos favorecerán actividades más dinámicas, como las actividades deportivas y físicas, y actividades que requieran un proceso creativo, tales como las actividades artísticas.
  • Textura: se trata de un aspecto no menos importante que el color y al que a menudo se le resta importancia, dado que se da prioridad al sentido de la vista. De ahí su papel fundamental, la textura es un parámetro que estimula el sentido del tacto y que, por tanto, supone la oportunidad de considerar el estímulo de todos los sentidos durante el aprendizaje, consiguiendo así el enriquecimiento del mismo.

Lucía Serrano

Docente en Verso Centro de Estudios

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